Christian se fue a dormir con la ilusión de que su avioncito de juguete volaría de nuevo. Poco antes, una caída libre desde lo alto del placard lo llevó a estrellarse a pocos centímetros de la pata de la mesita de luz. El equipo de rescate, liderado por Christian, había llegado enseguida para presenciar la catástrofe: las alas se habían desprendido, el fuselaje parecía ahora un tubo de pasta de dientes todo retorcido. No había sobrevivientes pero el que más sufrió fue Christian, incluso lloró. Luego, se acostó y se concentró en su avioncito.
Cerró fuerte los ojos y lo vio volar otra vez. Por un momento pensó que al levantarse, estaría reparado y listo para despegar. Pidió a Dios que así fuera.
La mañana siguiente, se despertó y se dirigió lentamente hasta el lugar de la tragedia donde encontró la misma situación que el día anterior. Tiró el avión a la basura y abrió otra de las cientos de cajas que contenían aviones, tragedias, ilusiones. (CB)
2 Comments:
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Anónimo, at 6/3/07 15:50
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